La identidad étnica, la manía nacionalista y el multiculturalismo como rebrotes racistas y amenazas contra la humanidad (2023)


Publicado:2006-01
Laidentidad étnica, la manía nacionalista yel multiculturalismo como rebrotes racistas yamenazas contra la humanidad
Ethnicity,nationalist mania,andmulticulturalism are racist resurgence and threats against humanity

Pedro Gómez García
Departamento de Filosofía, Universidad deGranada.
pgomez@ugr.es


RESUMEN

Laidentidad étnica ocultural, concebida como una esencia permanente, constituye unaversión contemporánea del racismo, reformulado entérminos de razas sociales. Es un falso concepto. No hayidentidad, sino historia. El nacionalismo fundado étnicamenterepresenta un caso particular de etnomanía y, en los contextosdemocráticos, juega siempre como una fuerzaantidemocrática y, por tanto, reaccionaria. No hay etniashomogéneas, sino sociedades internamente plurales. Elmulticulturalismo implica una interpretación zoológica dela sociedad humana, al suponer erróneamente que las culturasparticulares son como especies biológicas distintas. Pero sonrealizaciones históricas del mismo patrón culturaluniversal, abiertas al flujo intercultural. Por eso, debemos considerarel etnicismo, el nacionalismo y el multiculturalismo como tendenciaspatológicas hacia la balcanización del planeta yobstáculos para la emergencia de una sociedad mundial pluralistae integrada.

ABSTRACT
Ethnic orculturalidentity, conceived as a permanent essence, constitutes a contemporaryversion of racism, formulated in terms of new social races. It is afalse concept. There is no identity, but rather history. Nationalism,founded ethnically, represents a peculiar case of ethnomania and, indemocratic contexts, always plays as an anti-democratic and, therefore,reactionary force. There are no homogeneous ethnic groups, but rathersocieties, internally pluralistic. Multiculturalism implies azoological interpretation of the human society, assuming erroneouslythat particular cultures are like different biological species. Butthey are historical materializations of the same universal culturalpattern, all being open to intercultural flow. Consequently, ethnicism,nationalism and multiculturalism are considered pathological tendenciestoward a balkanization of the planet and obstacles to the emergence ofa pluralistic and integrated world society.


PALABRASCLAVE | KEYWORDS
etnicidad | etnomanía |nacionalismo| multiculturalismo | racismo | identidad | universalismo | ethnicity |ethnomania | nationalism |multiculturalism| racialism | identity | universalism

Eltodo escapa a las partes,por definición y por limitaciones insuperables de ordenfísicoy cognitivo. Pero necesitamos referimos al todo, que tambiéndependede las partes, algunas de las cuáles -como el cerebro humano-alcanzanuna cierta aproximación suya, un cierto conocimiento del todo,quizáa modo de sinécdoque. Lo quenunca cabe es un conocimiento totaldel todo. No hay evidencia de una conciencia cósmica; aunqueparecerazonable que, si hay un todo universo, es porque consta de algunaclasede unidad, porque es sistema en algún sentido y secontinúaa sí mismo en la evolución temporal. Ahora bien, entreesarealidad en expansión y el conocimiento posible para elentendimientohumano media un abismo insalvable. La pretensión de conocer latotalidadresultará siempre una media verdad, o una completa falsedad. Elpretendido saber absoluto no puede estar sino absolutamente erradosobresí mismo. Esto vale tanto para la física como para lateología,pasando por la biología y la antropología. Conocerserásiempre problemático y requerirá andar siemprecorrigiendodesenfoques.

Enastrofísica, la última observaciónpublicada sobre una protogalaxia de los remotos confines del cosmosrepresentael conocimiento más actual de lo más lejano y másantiguo. Nos llega ahora noticia de fenómenos que ocurrieronhacetrece o catorce mil millones de años. Las diversas observacionesastronómicas captadas en nuestra contemporaneidad,sincrónicaspara nosotros, sólo lo son aparentemente, pues ponen enrelaciónpara el observador hechos totalmente anacrónicos entresí:aquello que aconteció y de lo que ahora nos llega la primeranoticiadista miríadas y miríadas de años de nuestraexistenciaactual. La constante de la velocidad de la luz impone un desmentido alclásico ideal científico laplaciano, de obtener unainformacióntotal del estado del mundo en un momento dado de un tiempo absoluto. Elconocimiento simultáneo del todo está vetado por lapropianaturaleza física del todo, y no ya solo por las limitacionesestructuralesdel cerebro y la mente humana. El ineluctable desfase entreconocimientoy realidad viene impuesto físicamente por constantescosmológicas,como la de la velocidad de la luz, antes que por losconstreñimientosde nuestro aparato cognitivo.

Como esobvio, sería una vana ilusiónhacer astrofísica simplemente mirando al firmamento ycontemplandolas típicas constelaciones. Incurriría en una fatalequivocaciónquien intentara hacer ciencia a partir de la idea común yaparentementeevidente de "constelación". Pues ésta responde a unacaptaciónde nuestra mirada desde la Tierra, que agrupa según lasaparienciasvisibles unos puntos luminosos que, en realidad, corresponden aestrellasy galaxias de sistemas astronómicos heteróclitos. Porejemplo,la constelación de Escorpión incluye un lucero que,contralo que parece, no es una estrella, sino nada menos que el cúmuloM4, compuesto por más de 100.000 estrellas y situado a 7.200añosluz de la Tierra. Por lo demás, en buena medida, lo que ahora seofrece a nuestra observación ni siquiera existe ya, acaso sehabíadesintegrado antes del incio de las primeras civilizaciones humanas...

Poreso, la idea de "constelación"no es científica ni explica nada. Aquello que observamosingenuamentedebe ser explicado desde otros supuestos teóricos, con otrosconceptosy modelos, los propios de la ciencia astrofísica. Pues bien, demanera similar, no se puede hacer antropología a partir denocionescomo la de "etnia". Pues tal idea no se corresponde con la existenciasocialde algo así como "etnosistemas" (como algunos especulan), salvocomo percepciones subjetivas y lastradas con sobrecargaideológica.Sólo como tales percepciones ilusorias o imaginarias puedenestudiarse,pero para acabar descubriendo que no está en ellas, sino en otrolado, la verdadera descripción o explicación de lo quelosestereotipos étnicos encubren.

Nocionescomo la de constelación celeste,la teoría del éter o la del flogisto, el geocentrismo, elprincipio vital, la clasificación racial humana, o la identidadétnica pertenecen, todas ellas, a la lista de los desenfoques yerrores teóricos que no admiten el menor crédito, pormuchoque algunas de tales nociones consigan todavía hacer fortunaentrela deplorable credulidad de tantísima gente.

¿Otraperspectiva que corrija el errorde perspectiva? Sí; se nos impone en el doble plano de nuestroconocimientoy de la realidad a la que refiere. Porque, cuando analizamos las cosas,los hechos, las relaciones, todos muestran cada vez más unatramamás verdadera, multidimensional y entrelazada. Surge unacomplejidadde la realidad que postula el desarrollo de una mayor criticidad ycomplejidaddel pensamiento. Seguir pensando no ya desde las apariencias, sinoinclusoconforme al paradigma de la ciencia clásica y al de lafilosofíaacadémica consonante con él nos dejará cadadíamás desfasados. Pensar sobre los "fundamentos" del ordennatural,la esencia, la ley general, la formulación exacta, el objetosimpleo el eterno retorno de lo mismo acabará siendo unaidealizaciónbastante infantil e ilusoria. Sin duda forma parte del método,pero,al absolutizar la idealización, se toma un camino que lleva alextravíoteórico. Las irrupciones del desorden atraviesan el cosmos y elmicrocosmos, son algo corriente en la sociedad y en la vida individualde cada uno. Nada hay que no esté atenazado por innumerablescondicionamientos,constricciones y necesidades, y a la vez nada está del todoexentode los riesgos de la indeterminación. Hay que desconfiar de lasverdades que parecen más asentadas y evidentes.

¿Dóndereside el enfoque másadecuado? En percibir el carácter evolutivo, el caráctersistémico, el carácter ecológico, elcarácterabierto e inconcluso de cuanto acontece. Todo lo real -y hasta loimaginario-es acontecimiento, eventualidad, tiempo. Si no acontece algo en algunaescala de tiempo, no solo no pasa nada: es que no hay nada en absoluto.El ser parmenídeo no es de este mundo; el ser sólo puedeser lo que llega a ser, lo que resulta de un devenir, siempre algoeventual,por más que consiga consolidarse durante millardos deaños.Así, de lo físico a lo biológico, de lahominizacióna la historia sociocultural, todo está en evolución,quizáno heraclítea, pero ciertamente darwiniana, marxiana,hubbleana...El universo y cuanto lo puebla tienen una historia que contarnos,millonesde millones de historias interminables. Ya sólo cabe entenderdesdeun punto de vista evolutivo; esto es, averiguando de dónde vieneun sistema, por qué fases o etapas ha pasado y quéescenariosprobables sucederán después. Y con la dificultadañadidade la imposibilidad de hallar una lógica subyacente que permitacomprender cada paso como una deducción necesaria del anterior;puesto que hay saltos, singularidades, mutaciones, disrupciones,azares,entropías. Ni siquiera podemos retrodecir con seguridad elpasadode un todo o una parte individualizada, salvo que alcancemosinformaciónverídica de lo que le ocurrió en un momento y contextodado.¡Adiós, Laplace! Nos despedimos del determinismo universal.

Y¿qué es lo que evoluciona?Dejemos la busca insondable de los elementos elementales, indivisibles,indestructibles y de verdad fundamentales. No cabe imaginar nada tanrapsódicocomo la existencia de una partícula elemental, si es que essimple,si es que puede existir sola... De los torbellinoscosmogenésicos,que jamás han cesado hasta hoy, resultan estructuras, que seintegrancomo componentes de otras estructuras envolventes, que a su vez sirvende partes a otros todos, tramas o redes más complejos. Todocuantoexiste tiene estructura, es porque ha adquirido estructura, o sea,constituyeun sistema de algún tipo y nivel. Todo es sistema de sistemas desistemas... con seguridad en sentidos heterogéneos. No parecehomologableun átomo con una célula viva, por mucho que tengan quever.La simplicidad del objeto se esfumó bajo los focos de lasinvestigacionesfísicas, llevándose la sustancialidad postulada porAristótelesy el sentido común al museo de las hipótesis descartadas.En adelante, es imprescindible entenderlo todo como sistema de algunaclasey como relación entre sistemas. Sistema en evolución yrelacionesen evolución, claro. El pensamiento complejo atiende a lossistemas,a las interacciones entre las partes y el todo que forman, a lastransformacionesque lo hacen evolucionar.

No hayformación o transformaciónde un sistema que no acontezca en unas condiciones dadas, queademásirán ineludiblemente variando, acompasando su propio tiempo ytalvez marcando el compás al tiempo -a la evolución- de lossistemas sometidos a tales condiciones. Esta importancia del entorno,capazde curvar el espacio de la selección (física,biológica,cultural), y aún de desviar la línea evolutiva,constituyela dimensión ecológica. Salvo, quizá, el universocomo totalidad, cuya inconmensurabilidad se nos escapa, no hay objetoabsolutamenteaislado de los condicionamientos de un entorno, no cabe concebirningúnsistema si no es en el seno de interacciones conformadoras de unecosistema.Esto vale para los campos de fuerzas físicos, perotambién,a su manera, para los sistemas vivos, conglobados en la biosfera, yevidentementepara el pluriforme sistema cultural humano.

En loque toca al estudio de la humanidad,frente a tanto dislate de las ideas tópicas, los lenguajespolíticamentemanipulados y las teorías venales o consentidoras, tancampantes,nos queda suspirar por un poco de análisis científicosobreeste asunto de las semejanzas y diferencias antroposociales. Pues, pormodesta que sea su voz, "la ciencia es el mejor sistema descubiertohastael momento para reducir los sesgos, errores, falsedades, mentiras yfraudessubjetivos" (Harris 1999: 157). Para esto -nunca insistiremos bastante-hay que romper con las apariencias, como hizo la teoríaheliocéntricade Copérnico al imponerse sobre el geocentrismo de Ptolomeo, tanverosímil para nuestra visión cotidiana; hay queabandonarlas tipologías conformes al modelo de las esencias inmutables,paraseguir la senda emprendida por Darwin y la teoría de laevoluciónbiológica y sociocultural; hay que superar a Newton y eldeterminismode la ciencia clásica, a fin de abrirnos a un nuevo paradigma derelatividad, complejidad, no linealidad, incertidumbre eirreversibilidaddel tiempo.

Laperspectiva de identidad conserva una matriz racista

Ennuestra época, ha cundido por todaspartes, como una epidemia, una problemática sociopolíticaplanteada en términos de búsqueda y reforzamiento de la identidadcultural, la identidad étnica y la identidadnacional,con premura por deslindarse como "grupo étnico" o proclamarsecomo"comunidad nacional" o "nación". A tal fin, los promotoresresaltanlas diferencias -y ocultan las semejanzas-; privilegian la diversidad,a costa de la unidad compartida. Claro que -nadie discute eso- lasdiferenciassaltan a la vista, y son cada día más ubicuas, aconsecuenciade los procesos de mundialización. La cuestión debatidaescómo comprenderlas correctamente. Porque hay un usomaléficode la diferencia para alimentar la desigualdad. Y la apología dela identidad puede traducirse, en la práctica, enlegitimacióndel racismo, el etnicismo y la xenofobia.

¿Aqué llamamos identidad?No se puede dar por sobreentendido. Es saludable problematizar la idea.Nuestra "identidad" no es la igualdad algebraica que se verificasiempre,cualquiera que sea el valor de sus variables. Tampoco puede ser lacualidadde ser siempre idéntico a sí mismo, ideametafísicade esencia, absolutamente extraña a este mundo, que, de habersidoposible, habría impedido toda evolución y, por tanto, elllegar a ser de cuanto existe. Pues nada llega a ser sinotransgrediendoy trascendiendo su origen, saliendo de su "identidad". Y así escomo emerge todo lo nuevo.

Tambiéncabe entender la nociónde identidad como el conjunto de rasgos propios de un individuo o deunacolectividad que los caracterizan frente a los demás. Pero esosóloes válido a condición de columpiar el significado hastareferirsea la "diferencia", es decir, a la serie de rasgos diferentes quecontrastan con otros; aunque los individuos o las colectividadescomparadasentre sí compartan el 99% del total de sus rasgos, con lo que enrealidad serían prácticamente idénticas,detal modo que la diferencia llamada "identidad" podría resultarinsignificante.Desde un enfoque como éste, que acaba llamando "identidad" a lamínima "diferencia", se suele utilizar un lenguaje que inducesincesar a una irremediable confusión. En ella deambulanidentitaristasde toda laya, tratando de pescar en río revuelto.

¿Cómoconcebir las relacionesentre identidad y alteridad? ¿Cómo entender la pluralidadcultural? ¿Cómo concebir adecuadamente las diferenciassocioculturalesobservables, calificadas de ordinario como raciales, étnicas,nacionales?Hay teorías opuestas, que subyacen a opciones éticas yproyectospolíticos.

Losheraldos de la identidad se caracterizanpor unas mentalidades cargadas de fe ciega en el propio ser y destino.Creen en una esencia exclusivamente propia, que es obligado mantener asalvo de los extraños; una entidad pura, frente a la impurezacontaminantede los otros; una autenticidad de su ser, reluctante a todaalteración;un ser ahí colectivo sagrado, ante el que toda rodilla de losmiembrosindividuales debe doblarse. Explícita o no, está presentela apelación a la pertenencia a un linaje especial, a una raza oclase invariablemente superior, a un pueblo elegido -aunque haya venidoa menos-. De modo que encontramos siempre alguna variante de racismolarvado,que adopta la estructura y los modales de una religiónintegrista,con su creencia dogmática y su devoción incondicional(pocoimporta que se sirva del catolicismo, el islamismo, la mitologíanibelunga o la utopía comunista). Se extiende así un hiloimaginario que va desde la zoología a la teología,vinculandouna comunidad primigenia, tradicional, dotada de una sacralidadintocabley un sentimiento de adhesión tan fuerte que no seráextrañosi propende al fundamentalismo, al fanatismo, incluso al totalitarismoy a la justificación de la violencia.

Setrata de una palabra comodín, usadapara describirlo todo sin llegar nunca a explicar nada, una palabraruin,que enmascara abusos de opresores y frustraciones de oprimidos: la identidad,término clave en el lenguaje de la mistificación yúltimorefugio del esencialismo, esa visión de la realidad que apenasesya un fósil epistemológico. Esta idea de identidad en lasciencias humanas no tiene redención posible. Por mucho quetriunfeen los discursos oportunistas, por mucho que se disfrace con alusionesa procesos históricos y escenas costumbristas, la pierde elestarpostulando una pretendida esencia al margen del tiempo, de laqueéste sería sólo su máscara. Resulta,así,una idealización que falsea la realidad de cómo llegan aser y cómo evolucionan las cosas, las sociedades y las personas.

Lasuposición de estereotipos fijos,determinantes de la "identidad" humana, diferenciada en uncatálogode caracteres colectivos peculiares, obtenidos a partir de lafisonomíay algunos datos antropométricos, plasmados tal cual en cada unode los individuos, se proyectó durante un tiempo en laraciologíay sus clasificaciones de "razas humanas". Pero hace medio siglo que eseenfoque dejó de ser científico y cayó en eldescrédito,por más que sigan existiendo racistas, confesos o vergonzantes,y un racismo social inveterado. El hecho es que toda la diversidadbiológicaindividual pertenece al mismo genoma, y se halla distribuidaestadísticamenteentre las distintas poblaciones geográficas. Y entre otrasobservaciones,la mayor presencia estadística de un conjunto de caracteres noesconsistente con el mayor porcentaje paralelo de otro conjunto decaracteresque tomemos como punto de referencia. Esto tiene que ver con el hechodeque la transmisión de la herencia no se efectúa como unbloquecompacto de caracteres constantes, sino mediante recombinacióndegenes o grupos de genes. La contingencia del flujo genético y elazar de la deriva genética bastan para dar al traste con todaideafijista acerca de los presuntos tipos raciales; los tipos quedandisueltosen fluctuaciones de porcentajes. En consecuencia, lo pertinente essubrayarque un color de piel indica sólamente un color de piel, noconstituyeuna "raza"; un grupo sanguíneo diferente significa un gruposanguíneodiferente, nada más, no otra "raza".

Cualquierrasgo genético o conjuntode rasgos sólo hablan de su propia presencia, en términosestadísticos referidos a una población, pero de ningunamanerapresuponen la copresencia necesaria de otros rasgos ni, por tanto, laexistenciade una "raza" en cuanto caracterización de una totalidad, fija oexclusiva, de rasgos compartidos homogéneamente por todos losindividuosde una población dada. Para la teoría de laevolucióny la genética de poblaciones, no existen razas en la especie Homosapiens; sólo se dan variables alomorfias del únicogenomade la especie. Las diferencias que se encuentran entre las grandespoblacionesson cuantitativas -de porcentajes- y no cualitativas, es decir, queno hay un gen completamente distinto que esté presente en unapoblacióny que esté ausente del todo en las demás poblaciones (enotras palabras: no se dan autapomorfias en Homo sapiens).Detrásde una veintena de diferencias visibles, debidas a adaptaciones alclima,se esconden millares de coincidencias y divergenciasfisiológicasinvisibles, y treinta mil genes abiertos a una combinatoria sinrestricciones.La conclusión no ofrece dudas: "La verdad es que en la especiehumanael concepto de raza no sirve para nada" (Cavalli-Sforza 1993: 254). Porlo demás, la unidad del genoma es lo que posibilita y explica,ensu nivel, la diversidad biológica humana, toda ellapertenecienteal mismo patrimonio común de la especie.

Elfraude de las identidades étnicas

Si lanoción biológica de "raza"humana carece de fundamento -para rabia y vergüenza de racistas-,no lo tiene mayor ni mejor la idea de "etnia" o "identidadétnica".Como mucho, se le puede conceder un cierto valor designativo ydescriptivo,cuando el antropólogo hace referencia a sociedades tribales;pero,incluso en estos casos, acabará pronto revelando su futilidadteórica.

Lostratadistas nunca terminan de ponersede acuerdo en si, como era la pretensión original, se trata deunainconsútil combinación de caracteres "raciales" yculturales;o bien hay que evacuar ya, de una vez para siempre, los componentesbiológicos,puesto que el determinismo genético sobre el comportamientoculturalya no lo acepta nadie -salvo algunos sociobiólogostardíos-y además se prefiere eludir el dar la impresión deracista.Lo cierto es que no hay ninguna correspondencia entre los dos planos,elde la diversidad genética y el de la diversidad cultural. Todacorrelaciónentre ambas no pasa de ser pura contingencia. Los individuos decualquierpoblación pueden adoptar en principio cualesquiera rasgosculturales.Y cualquier población puede integrar componentes culturalesprocedentesde otra. En definitiva, si la etnicidad queda conformada sóloporcomponentes culturales, entonces el presunto concepto de "etnia" noañadenada al de "cultura", que la ciencia antropológica yaveníautilizando desde la segunda mitad del siglo XIX.

Despuésde examinar arduos trabajosde campo y titánicos esfuerzos por alambicar incluso unateoríade los "etnosistemas", lo cierto es que uno no encuentra razonesconvincentespara admitir la entelequia (ya lo he argumentado en otros textos:GómezGarcía 1998 y 2001: 29-54). El diagnóstico que sedesprendees perentorio: De hecho hay grupos sociales que se tienen por "gruposétnicos"y que reclaman la atribución de una "identidad étnica",peroeso no significa más que un dato sociológico, cuyaexplicaciónreside en otra parte. La "etnicidad" posee el mismo tipo de existenciaque los signos del zodíaco. Las poblaciones humanas no tienenalma,sino historia; el "espíritu del pueblo" no pasa de ser un mitoinverificable.Las sociedades humanas se organizan culturalmente, evolucionanhistóricamente,no manifiestan una "identidad". Toda la diversidad debe ser comprendidaen el marco teórico de la evolución biológica ycultural.

Lospresuntos "etnotipos" constituyen un muestrariode construcciones ideológicas arbitrarias, de índoleextracientífica.El concepto biológico de genotipo se refiere al perfilparticularde la configuración del genoma de cada individuo; es el"conjuntode los genes de un individuo, incluida su composiciónalélica"(DRAE). Esto significa que no hay genotipos colectivos (eso era lo quepretendía erróneamente la idea de "raza"). Por tanto,menosaún se dan "etnotipos", ese calco con el que intentanacuñaridentidades colectivas culturales. Porque, también en el planocultural,la diferenciación (y la verdadera identidad) es individual. Latipologíaétnica se disuelve aún más si tenemos en cuentaque,a diferencia del genotipo biológico de cada espécimen(que,una vez constituido el cigoto, ya no cambia), su análogoculturalpermanece abierto a la modificación a lo largo de toda la vidaindividual.Entre los individuos existe una gran heterogeneidad genética ycultural,en el seno de cualquier población, mayor que la existente entreuna población y otra. Tampoco corre con mejor suerte la busca de"marcadores" de etnicidad o identidad para demarcar los etnotipos,puestoque los "marcadores genéticos" en los que se inspiran designanlosgenes que sirven para estudiar la evolución (Cavalli-Sforza1993: 135) y en absoluto para establecer tipos colectivos.Así,pues, tal como se usan las nociones de "etnotipo" o "marcador deetnicidad"representan a las claras una trampa por la que se cuela el rancioesquemaintelectual de las clasificaciones racistas.

Locorrecto, cuando nos encontramos ante unalengua distinta, es afirmar que ahí hay un sistemalingüísticodistinto, pero no que hay una etnia ni una nación. La existenciade una religión distinta supone en puridad que hay unareligióndistinta: no la esencia de una etnia ni una nación. Cualquiercostumbreatestigua un modo concreto de comportamiento social, pero no unaseñade identidad definitoria de una etnicidad o nacionalidad.

ManuelCastells observa que "en un mundo comoeste de cambio incontrolado y confuso, la gente tiende a reagruparse entorno a identidades primarias: religiosa, étnica, territorial,nacional"(1996: 29). Aparte lo heteróclito de la enumeración y lodiscutible del carácter primario de tales identificaciones, nosdefine la búsqueda de identidad como "la fuente fundamental designificadosocial", de "raíces históricas", y nos advierte contra elriesgo de fundamentalismo que de ahí puede derivar; si bien estono le impide afirmar en su confesión de fe: "Creo en el poderliberadorde la identidad..." (Castells 1996: 30). Sin duda está apuntandoa un fenómeno que adquiere gran importancia en nuestro mundo.Peroeste reconocimiento no basta para acertar en el diagnóstico. Elautor escribe: "Entiendo por identidad el proceso mediante el cual unactorsocial se reconoce a sí mismo y construye el significado envirtudsobre todo de un atributo o conjunto de atributos culturalesdeterminados,con la exclusión de una referencia más amplia a otrasestructurassociales" (1996: 48). Ahí parece oscilar entre unaconcepciónde la identidad como opción individual y como atribucióncolectiva; o más bien plantea que la primera se reduce a asumirla segunda, y ésta se limita de forma sectorial y excluyente,segúnlo que explicita más adelante (identidad de sexo, dereligión,de etnia, de pueblo, de cultura particular). La verdad es que no lograsino contribuir al estado de confusión reinante y a reforzarteóricamentelos estereotipos ideológicos identitarios.

Cabeañadir que la "identidad" se vivey opera como un sucedáneo de religión, cuando noestáfundada explícitamente en la misma religión, y comoésta,para bien o para mal de la gente, acaba casi siempre al servicio de unapolítica manipuladora.

Lamanipulación de la nociónpolémica de nación

Por loque respecta a idea de nación,caben varias significaciones. En un sentido másetimológico,entendida como grupo reproductivo en el plano biogenético,propiamentela "nación" viene a coincidir con la especie humana, puesto queen su interior no hay barreras a la interfecundidad. En el sentidomássólido, en cuanto concepto político, la nación esproducto histórico de la formación del estado y se gestaa la vez en el plano de los acontecimientos y en el de los mitos,instituyéndosejurídicamente. Otros usos del término "nación"aludensólo a entes de ficción, imaginarios e ilusorios,evocadoscontrafácticamente por grupos de poder, aunque bien cierto esqueesto también incide en la realidad.

Así,pues, hablando con propiedad,la nación es históricamente producto del Estado. A veceslos nacionalistas invocan un sustrato preestatal«étnico»,como fundamento de la nación. Ahora bien, conviene recordar loquevengo arguyendo: que todo intento de enfoque científico rigurosodel concepto de "etnia" para en el fracaso. Se nos dice (Breton 1983)quehay una definición estricta, que utiliza el criterio de lalenguavernácula; pero este criterio no se corresponde con lasclasificacionesétnicas. Si lo aplicamos, llegaremos a lo grotesco: Segúnel«marcador» lingüístico, sólo sonirlandesesel 2% que hablan el gaélico irlandés; sólo son dela «etnia vasca» el 7% que tienen el vascuence como lenguamaterna; no son de la «etnia catalana» la mitad de lapoblacióncatalana y sí lo serían valencianos y baleares que hablandialectos de la lengua catalana; y son de «etnia francesa»todos los francófonos, y de «etnia española»todos los hispanohablantes vernáculos del mundo. A la inversa,hablanla misma lengua materna servios, croatas y bosnios, tambiénhutusy tutsis, etc. En la humanidad existen entre 6.000 y 9.000 lenguas:¿Seránotras tantas «etnias»? ¿Serán el fundamentoparaotras tantas «naciones»? ¿Postularemos, sin delirar,su derecho a formar nueve mil Estados soberanos?

Elenfoque etno-nacional recurre tambiéna un criterio amplio, que tiene en cuenta un conjunto de rasgoscompartidos:la lengua, la ascendencia común, el sistema de parentesco, lareligión,el derecho, las costumbres; en suma, una cultura particular.¿Cuálesde esos rasgos deben estar presentes indefectiblemente para que debamosconsiderar que allí se da una etnia? No cabe combinatoria, nimáximani mínima, que, al contrastar los hechos sociológicos ehistóricos,nos despeje la incógnita de donde hay una etnia claramentedeslindable.La etnología nos muestra cómo cualquiera de esoscriteriosusados e incluso todos ellos pueden estar ausentes allí donde sepresuponía la existencia de una «etnia» (Breton1983:13 y 109). Por tanto, ni la presencia ni la ausencia de talescaracterísticases decisiva. Si el criterio más estricto no resuelve nada, elmásamplio resulta aún más problemático e inaplicable.No quedan en pie más que múltiples diferenciasculturales,cuya articulación sistémica en varios niveles y cuyaevoluciónen el tiempo es preciso estudiar. La significaciónpolíticacontemporánea nunca puede desprender su legitimidadconcluyentementede un pasado «étnico», hace siglos disuelto ohistóricamentecuestionable. Las estructuras sociales de las tribus fueron superadasporla formación del Estado. Y la organización estatal dioorigena la nación como entidad jurídico-política. En lassociedades modernas, en rigor, no hay más nación que laqueforman los ciudadanos del Estado, ni más nacionalidad que la queconfiere el derecho de ciudadanía.

Cuando,en vez de ver normalizarse las múltiplespertenencias relativas, topamos con la afirmación a ultranza deuna "identidad" integral por antonomasia, estemos prevenidos, porque loque eso postula es la renuncia a la libertad -cuyo verdadero sujetosólopuede serlo el individuo humano-. El confinamiento de las gentes en una"identidad uniforme", ya sea exaltación de la parte (cerradacomoun todo) o de la totalidad parcial, les impone la inmolación dela individualidad y obstaculiza la apertura a identificaciones oasociacionesplurales, abiertas a ámbitos mayores, hasta alcanzar finalmentela conciencia y el sentimiento de pertenencia a la humanidad y a lavida.En las sociedades complejas como la nuestra, tal confinamiento seproponea veces en un marco territorial, escamoteando el hecho de que la"diferencia"radica en el interior mismo del propio territorio, con lo que caberedargüirpreguntando si tal propuesta o plan no propugna imponer un modelouniformistaa una sociedad culturalmente plural. Esa orientación es unaconstanteen los nacionalismos (cfr. Gellner 1983). La realidad, no obstante, esque, atendiendo al conjunto de la cultura, la diversidadintraterritorialsiempre es mayor que la diversidad interterritorial. Resultacontradictorioexigir el reconocimiento de la pluralidad en el ámbitogeográficoe histórico más amplio, mediante propuestas que sedirigena reforzar la coacción política (institucional,lingüística,simbólica) sobre la pluralidad realmente existente en elámbitomás reducido.

Elmulticulturalismo como teoríamiope

Alabordar el estudio de la diversidad antroposocial,encontramos dos orientaciones filosóficas contrapuestas: unatiendeal particularismo y otra tiende al universalismo, y cada una puedepresentara su vez una gama de teorías.

Latendencia particularista es la que abanderala perspectiva identitaria, presentándose a sí misma bajoel nombre de comunitarismo, nacionalismo, multiculturalismo (CharlesTaylor,Will Kymlicka). Se caracteriza por otorgar la primacíaontológicay epistemológica a las diferencias particulares, concebidas comoconjunto clausurado frente a otros conjuntos clausurados, al modo delos"etnotipos" criticados más arriba. Su riesgo estriba en queafirmala parte negando el todo. Tiene por cultura sólo la modalidadparticular,por lo que rechaza la unidad cultural de la humanidad. En los hechos,propendea formas políticas de etnicismo o nacionalismo excluyente que,ensu versión más radical, lleva a cabo la limpiezaétnica.Se podría calificar como un totalitarismo de la parte.

Elmulticulturalismo constituye la forma másdesarrollada del etnocentrismo, en la medida en que la apologíade la propia particularidad, como hermética, implica el rechazoabsoluto de la alteridad y postula la negación radical parasíde la cultura del otro, su apartamiento territorial y suextirpaciónen la sociedad y la mente propia. Los multiculturalistas se hanconvertidoen los filósofos de las nuevas formas de racismo social que hoyprosperan peligrosamente, al amparo del pensamiento débil, de lafalta de principios éticos y de una rentabilidad políticaelectoralista, carente de amplitud de visión. A vecesengaña,porque el multiculturalismo presenta una forma perversa de "pluralismo"que, en realidad, promueve la destrucción del pluralismo social.En vez de asentar la apertura de la sociedad como norma, exige elcierresobre sí misma de cada una de las modalidades culturales,dolosamentetrinchadas, haciendo de cada colectivo una facción refractaria asu integración en el sistema social y en el sistema mundial.

Partende un principio ontológico equivocado,que presupone que ser es permanecer en una esencia, cuando en realidadhoy no puede entenderse bien sino como evolución y devenirhistórico.Proponen como teleología su propia figuración esencial,queapunta así a ejercer un poder soberano. La identidadesencializadase presenta, según los casos, bajo una doble máscara: enforma mítica, pero también en forma utópica. Lasidentidades míticas invocan el pasado como edad de oro,modelo perfectode sociedad, y su plasmación culminante estriba en un idealteocrático,pues aquel modelo se imagina como establecido o revelado por ladivinidady nunca debe ser alterado; si se corrompe, debe restaurarse a todacosta(por ejemplo, el fundamentalismo islámico). Las identidades utópicas miranal futuro, pero a un futuro positivamente idealizado y absolutizado,porlo que suelen degenerar en un dogmatismo doctrinario y en laimplantaciónde un sistema político totalitario (como ocurrió con elcomunismosoviético). Participando de ambas formas se dan tambiéncombinacionesde mito y utopía, como puede analizarse en el nazismo y, engeneral,en los movimientos nacionalistas.

Setrata de una sacralización, seamítica o utópica, en virtud de la cual la colectividaddebesometerse a la identidad preconizada, de modo que se sacrifica eltiempopresente en aras del pasado o del futuro reificados. Las personas sonprivadasde libertad, al encorsetarlas en una horma identitaria que suprime lacreatividady prohíbe el debate racional abierto. En el fondo se pretende unimposible: cerrar la indeterminación antropológica en laque anida todo el potencial de innovación y evoluciónhumana,precisamente por la ausencia de una esencia dada.

Elsentido sociopolítico de la reivindicaciónidentitaria particularista va siempre vinculado a una cuestióndepoder, por la dominación o contra ella. El multiculturalistaproclamauna "política de la diferencia" (Kymlicka 1995: 267). Tras ella,se esconde irremisiblemente el grupo identitario, que se concibe y sesientesuperior a los demás y exhibe su "diferencia" con el fin deobtenermayor poder, privilegios o beneficios. Porque, cuando se pretende laigualdad,basta con exigir democracia y derechos civiles para todos sindistinción.Una sociedad que busca instituirse sobre un diferencial"étnico",igual que cualquier Estado étnicamente fundado, constituye lanegaciónmisma del fundamento democrático (que implica laintegraciónde la pluralidad, el pluralismo); incluso cuando practique unas formaspolíticas democráticas en su interior. Su propiaconstituciónresulta hostil y expulsiva con respecto a quienes no comparten la"identidad"fundante. La subordinación de la ciudadanía a la"etnicidad",la "comunidad nacional" o la "diferencia cultural" representa siempreunaperversión de los principios democráticos, ademásde una aberración social y política, que siembra de minasideológicas el camino hacia la integración de lasociodiversidad.Tal subordinación enmascara mal y prolonga arteramente lalógicaracista, hasta cuando se hace con la falsa buena conciencia de redimira un pueblo perseguido.

Lapersona que anda obsesionada por cuálsea su identidad es, sin duda, alguien infeliz. Vive sumido en unapreocupaciónmetafísica que no tiene respuesta, sueña con loimposible,porque la estructura antropológica no es sustancial sinoevolutivae histórica. Pero la obsesión puede empujarla aprotagonizaruna saga de desgracias. Cuando un mal semejante aqueja a una sociedad,o parte significativa de ella, ha llegado el momento de llamar aletnopsiquiatra.La alucinación identitaria arruina el pensamiento, de tal maneraque los discursos ya no dicen lo que parece, degradados enracionalizacionesfreudianas y extraviados en logomaquias interminables.

Poruna cultura humana universalista

Elmulticulturalismo añora conjurarel paso del tiempo y entiende la historia como eterno retorno. En elfondo,reivindica la atemporalidad y absolutidad del "espíritu delpueblo",fundante de la singularidad diferencialista, desde la que suelepostularsu propia superioridad, su elección o misión, en cuyonombreexcluye del grupo la heterogeneidad ("racial", "étnica",cultural,lingüística, religiosa). En su contra se yergue elpostuladoantropológico de la unidad del "espíritu humano", quesirvede fundamento a la igualdad de los individuos sujetos humanos y a ladefensade los derechos de humanidad. Se plantea un verdadero dilemafilosóficoy metodológico entre la perspectiva particularista y laperspectivauniversalista. Pero no vamos a caer en el error de oponer alcomunitarismomulticultural un universalismo abstracto o puramente formal,queafirme el primado de la homogeneización cultural bajo el impulsode un liberalismo radical (John Rawls, Ronald Dworkin) o uncosmopolitismoturístico. Esto no sería sino el reflejo invertido de lomismo: Aquí, una totalidad que congloba las partes, peroestáen sí misma vacía; o bien enmascara el ardid de una parteque combate por imponerse totalitariamente. Dos formas de negar y acasoaniquilar la diversidad concreta.

Lejosde la manida controversia entre multiculturalismoy liberalismo, cabe desarrollar otra opción no reduccionista,quepuede denominarse universalismo concreto, o pluralismo, o decualquierotra forma que mejor parezca, orientada a afirmar a la par la unidad yla diversidad. La unidad engendra la diversidad que construye launidad.Es una modalidad del problema general de la interrelación entrelas partes y el todo en cualquier sistema complejo: se coproducen; sedainteracción e interdependencia organizacional; la parte esmásy es menos que el todo; el todo es más y a la vez menos que lasumade las partes; el todo y las partes conservan su respectivaautonomíarelativa (cfr. Edgar Morin). Lo local y lo global se interrelacionanestructuraly funcionalmente. Por lo tanto, rechazamos con idéntica fuerzalabalcanización ínsita del multiculturalismo y launificaciónabstracta y uniformizadora, sea ésta liberal o totalitaria.

Launiversalidad se entiende como sistemacomplejo, intercultural, pluricultural, transcultural, reforzando laideade la "unidad múltiple", como identificación de laespeciey la cultura humanas. No hay objeción al reconocimiento de lapluralidadde culturas y de la creciente pluralidad interna de las sociedades, loque pasa es que no se da un valor prioritario a lo diferenciante -comohace el multiculturalismo-, sino a la integración. En realidad,"la versión dominante del multiculturalismo es unaversiónantipluralista" (Sartori 2001: 63), pues propugna los compartimentosculturalesestancos, en defensa de su homogeneidad cerrada, detesta la sociedadabiertay la tolerancia, rechaza el reconocimiento recíproco, primandolaseparación sobre la integración. En cambio, el enfoquedeluniversalismo concreto es pluralista, se basa en la tolerancia y elmutuoreconocimiento, defiende la diversidad a la vez que la limita, porquecreenecesarias unas normas comunes que favorezcan la integración ycohesiónsocial y mundial. Más que una pluralidad de culturas,destinadasa perpetuarse cada cual en su "identidad" irreductible, lainterpretaciónque las enmarque teóricamente como una cultura pluralistaservirá mejor a los intereses generales de la humanidad, en elcaminohacia una civilización planetaria plural.

Lacondición humana se define por sunaturaleza bio-cultural. Individuos y sociedades pertenecemos a unaespeciecon un genoma que manifiesta toda la diversidad genómica y a unorden cultural que genera toda la diversidad de las culturasparticulares.Toda la sociodiversidad observable o posible forma parte de esapertenenciaconstitutiva. De modo que todos los sistemas culturales, en cuantosistemasparticulares, son generados por la cultura propia de lahumanidad:No hay más que una matriz sociocultural, embarcada en unaevolucióncultural polimórfica.

Considerarlas culturas particulares comosi se tratara de "especies" diversas supone una visióndistorsionaday errónea. Por el contrario, deben interpretarse correctamentecomo"poblaciones" interfecundas de la misma especie.

Somosuna única especie cultural. Lomás apropiado es referirnos a la cultura humana, que esunay se realiza en las distintas poblaciones o sociedades con perfilesadaptativosu optativos diferenciados. La historia de la humanidad manifiesta,inclusoen su diversificación y a través de ella, una solaevolucióncultural, en fases de dispersión y de convergencia. Lasadaptacioneslocales, los intercambios permanentes o intermitentes y lassíntesisepocales realizan sin cesar esa manera de ser a la vez una y diversa.Lacultura, en sentido antropológico más queetnológico,es una en su diversidad y diversa en su unidad,relativamentecerrada en cada sociedad delimitada por la geografía o lahistoria,pero siempre relativamente abierta por su propia estructuraconstitutiva.De hecho no hay cultura, por más que lo ignore, que no sea yaresultadode la fecundación intercultural. Y extraviado va ese punto devistaque parece querer concebir las culturas como mulas, cualentidadesque, al no poder reproducirse por interfecundación con otroscongéneres,soñaran en clonar eternamente su pretendida, inmutable eilusoriasingularidad exclusiva.

Si aalgo hubiera que llamar identidad,convendría sobre todo a lo que se tiene en común, lo quetodos compartimos, lo invariable en cuanto "patrón deorganización"genérico (Capra 2002), desde el que se generan las diferenciasparticulares.En esta génesis descubrimos como dos movimientoscomplementarios:El primero va de la unidad a la diferenciación que muestran suspartes, que no son sino regiones integrantes de aquélla. Elsegundoparte de la descripción de las particularidades paracomprenderlaspor referencia a la unidad. De ahí que por unidad no haya queentendersólo las semejanzas o analogías, sino que también,intrínsecamente, le pertenecen las diferencias, comoexpresióndiferenciada del todo. La unidad es concreta, un sistema abierto,flexible,adaptable, evolutivo. En efecto, hay un patrón culturaluniversalque posee todas las virtualidades generativas de la diversidadexistentey la determina en interrelación con el entorno práctico(cfr.Marvin Harris). Hay reglas invariables, subyacentes a ladiversidad:"Si las culturas difieren es porque, dentro de la regla, caben muchasvariables"(Lévi-Strauss 2005: 15).

Másaún, la universalidad dela cultura humana no estriba sólo en la existencia de unpatróncultural antropológico, como matriz genérica y generadorade variabilidad, sino que abarca al mismo tiempo los logros,produccionesy objetivaciones, más allá de su miope reclusiónenrediles "étnicos", "nacionales" o de cualquier tradiciónparticular. Todos pertenecen a la universalidad concreta ypotencialmentecabe su apropiación por parte de otras poblaciones e incluso porcualquier sujeto individual que reivindique, con todo derecho: Nihilhumanum a me alienum puto.

Laexplicación de la diversidad radicaen la evolución cultural y sus mecanismos. Los motores de estaevoluciónson: la invención; la transmisión cultural entregeneracionesy épocas, que conlleva una deriva inevitable; la difusiónculturalentre sociedades y civilizaciones, con flujo de caracteres entre ellas;la selección cultural en función de la adaptabilidad parala supervivencia y de la felicidad, concebida como realizacióndeciertos valores prestigiados; la simbiogénesis y larecombinaciónculturales, que crean nuevas síntesis, con sus modos desocialización,producción, reproducción, organización,convivenciay concienciación.

Ahíse hallan implicados dos mecanismosque favorecen la creatividad cultural y la diversificación: Deunlado, el aislamiento creativo que, ajeno a otros valores diferentes,promuevela innovación original. De otro lado, la puesta en comúnde los diferentes logros, que, mediante el intercambio, facilita laformaciónde síntesis más poderosas. Estos dos mecanismos no soncontrarios,ya que el primero supone una condición para el segundo. Sinembargo,no parece tratarse del único camino, porque, al menos en el senode las sociedades complejas, se recrean espacios de insularidadinterna,propicia a la creación; o bien la dinámica de losintercambiosy la competencia introduce un nuevo estímulo para lainvención(en vez de desembocar sin más en la uniformidad cultural). Almismotiempo hay que señalar que un planteamiento demasiado tributariodel "aislamiento reproductivo" darwiniano (exigencia para que surja yprosperela mutación) plantea sus limitaciones, puesto que, en elámbitode la cultura, opera también un principio lamarckiano, siemprequenos proponemos efectuar transformaciones con vistas a un fin.

Ladiversidad cultural producida se debe arespuestas estrictamente adaptativas sólo en el caso de algunoscaracteres, mientras que otros caracteres variables carecen de valoradaptativo.Aunque la adaptabilidad de un rasgo o una variable no esintrínseca,sino contextual, por lo que puede adquirirse y perderse enfunciónde las condiciones del entorno. Por ejemplo, los pigmeos no tienenlenguapropia desde hace siglos, al parecer, sino que hablan la lengua de lospueblos con los que se han interrelacionado; interrelacióngraciasa la cual han vivido.

Engeneral, la evolución del sistemacultural tiende a la extensión y homogeneización de loscomponentesadaptativos, seleccionados positivamente, lo que conlleva la crisis delas estructuras de poder preestablecidas, así como de losidealeso marcos de referencia de sentido dominantes. Ahora bien, esastransformacionesadaptativas abren nuevas posibilidades de heterogeneizacióninterna,a la vez que no interfieren para nada en la subsistencia de losnumerososcaracteres no adaptativos, que pueden coexistir, desarrollarse ydifundirselibremente. Las diferencias producidas por la selección culturaly las debidas a la deriva cultural que trae el tiempo son, a la corta oa la larga, contrarrestadas por el flujo cultural entre las distintassociedadeshumanas. Hay rasgos que tienden a desaparecer, en tanto que otrostiendena generalizarse a todas las poblaciones, sin que este fenómeno-comoacabo de decir- obste a nuevas vías de diversificación,sobretodo en las sociedades abiertas. Seguirá habiendo diferencias deescala regional y local, y se potenciarán cada vez máslasindividuales y optativas. Lo importante está en recalcar -demanerasemejante a lo que se afirmó de nuestra especiebiológica-que no existe entre las sociedades o civilizaciones ninguna autapomorfiacultural (autapomorfia significa un carácter totalmentenuevoy exclusivo); no hay caracteres culturales que sólo pertenezcana una sociedad y que no sean compartidos, o puedan serlo, por ningunaotra.Todos los componentes elementales de la cultura son transmisibles,todoslos memes (cfr. Dawkins 1976) circulan en el seno de la mismaespecie,de tal modo que sólo encontraremos, en un momento dado y en cadapoblación/sociedad, las frecuencias estadísticas deunadistribución de rasgos alomorfos, resultante decontingenciashistóricas y cuyo perfil varía con el paso del tiempo.

Sinreducir la cultura a información,toda información verdaderamente adaptativa y significativa essusceptiblede ser computada por las estructuras del espíritu humano.Cualquiersistema social particular puede asumirla en orden a dar forma a supropiaorganización, mediante el proceso de permanentegeneracióny regeneración de sus estructuras, entrelazadas con las vidas degrupos e individuos. No hay, pues, memoria ajena ("identidad" de otro,alteridad) de la que no podamos apropiarnos, si nos enriquece yhumaniza.Así, la información se aplica a desarrollar el proceso deproducción de la realidad social e individual,materializándolay confiriéndole un significado (Capra 2002: 107). Todas estasdimensionesintegran también la cultura. Pero la memoria es tanimprescindiblecomo insuficiente, porque nos enclaustraría en lo sido y porquees propio de la humanidad la apertura, la falta de acabamiento y laanticipacióntanteante del futuro.

Enresumen, todos los especímenes humanossomos una misma especie, no sólo desde el punto de vistabiogenético,sino también desde el punto de vista sociocultural. Losinventos,artefactos, mercancías, creencias, modas, conocimientos,lenguas,instituciones, para bien y para mal, atraviesan por su propiaíndoletodas las fronteras, como demostración fehaciente de lateoríaque sostiene que todos los grupos humanos somos culturalmenteinterfecundos.Cuanto más intensos sean los flujos entre los continentes ypaíses,tanto más se crearán condiciones para que disminuyan lasdiferencias entre las sociedades y tanto más sepotenciaránlas oportunidades de diferenciación entre los individuos.Primaráprobablemente la "identificación" individual, no necesariamentecomo una caída en el individualismo egoísta, sino comoformade una mayor libertad, originalidad e independencia, abierta aparticipacionesmás amplias y numerosas, más allá de lacircunscripciónmental a un triste sentimiento de pertenencia exclusiva y monocorde,quesuele ir de la mano con un resentimiento enfermizo frente a todo loajeno.

Si hayuna perspectiva que adopte un ordende prioridad sensato y saludable es la que lleve al reconocimiento denuestrarealidad de vivientes antes que pensantes; que anteponga laidentificacióncomo seres humanos antes que la adscripción nacional,lingüísticao poblacional; que valore la integración social ydemocráticapor encima de las opciones religiosas o ideológicas. Estarectificacióndel estrabismo particularista exige, sin duda, un nuevo paradigmaeducativodel pensamiento y el sentimiento, muy distante aún del queinspiranormalmente la domesticación de la gente como grey de tal o cualganadería genética o política.

Laidentidad humana, emergencia amenazada

Cualquiersistema educativo decente debe destacaren primer plano la conciencia de pertenencia a la humanidad. De locontrario,si enfrasca las mentes de los educandos en una identidad culturalparticularistacerrada, está sometiendo a esas mentes a un fraude moral y unengañointelectual, si es que no está contribuyendo directamente a unasiembra de sectarismo. En tal sentido se ha hablado de "identidadesasesinas"(Amin Maalouf 1998).

Lamirada antropológica amanece altrascender la perspectiva de la identidad étnica, y su cometidoreside en elaborar una descripción inteligible del devenirmultiformede la humanidad concreta, sin reducirla a una apariencia o unaabstracción.Hoy le corresponde tratar de explicar y comprender un proceso demundializaciónmarcado por la emergencia de una fase nueva. Y, en medio del fragor delas destrucciones e injusticias rampantes, ha de prestaratencióna la humanización posible. El tránsito de unas culturascerradasen su autismo identitario hacia una civilización mundial abiertano parece cuestionable. La disolución de las identidadesdefinidascomo racionalizaciones esencialistas no tiene nada de deplorable. Niunaañoranza de ese tipo es una actitud adecuada para abordar laproliferaciónde posibilidades históricas que desafía por doquier anuestralibertad y nuestro conocimiento. Más bien se dará unarelativizaciónde las certezas identitarias de las culturas y naciones, a medida queseavance hacia esa civilización, cuyo futuro no cabe concebir comoprolongación lineal del pasado ni del presente. Subrayemos que"esel hecho de la diversidad lo que debe salvarse y no el contenidohistóricoque cada época le ha dado y que ninguna podría perpetuarmás allá de ella misma" (Lévi-Strauss 1977: 13).

Comotoda evolución, la historia dela civilización humana conlleva entropía,irreversibilidad,probabilidades, inestabilidades, bifurcaciones y la posible emergenciade sí misma. Ahí está la perspectiva bienenfocada,en la que todo el mundo entra en juego -para el que seránnecesariasreglas- y en cuyo nombre todo el mundo puede reivindicar la igualdad yel derecho.

Setrata de la perspectiva más consonantecon el modelo del pluralismo, que nos ayuda a pensar y actuar convistasa la organización de la sociedad mundo (Morin 2003),promoviendoel diálogo de civilizaciones, en lugar del paranoico "choque decivilizaciones" con el que nos amenazan agoreros de desastres. Requieredesplazar el análisis de la geoproblemática desde elpuntode vista unilateral al multilateralismo. La meta reside en crear lascondicionespara que cada ser humano llegue a ser ciudadano y para que, encoherenciacon la Declaración universal de los derechos humanos ycívicos,la ciudadanía nacional acabe algún díatransformándoseen una fase hacia la ciudadanía mundial,jurídicamenteinstituida.

Haypersonas bienintencionadas que se preocupanpor las "identidades en peligro" (denotando las que vienen del pasado yse hallan en riesgo de desaparecer) y que prestan su apoyo a las"identidadesemergentes" (parecen ser las nuevas que buscan un futuro). Me temo queen ambos casos estén sucumbiendo a la miope perspectivaparticularista.Ampliando el panorama, se observa -haciendo una concesión a sulenguaje-que las identidades amenazadas son precisamente las que despuntanintentandosuperar el particularismo: la identidad democrática deciudadano,más allá de los reductos nacionalistas, etnicistas,lingüísticoso religiosos; la identidad de civilización planetaria,másallá de las fronteras trazadas por la geografía y lahistoria,y defendidas por ideales comunitaristas o multiculturalistas, tanpropensosa levantar cercas y poner a salvo del tiempo unas plasmacionesparcelarias,sin duda legítimas, cuando lo más urgente es construirsociedadesabiertas al pluralismo y el reconocimiento recíproco. Sartori loha expresado lapidariamente: "El código genético de lasociedadabierta es el pluralismo" (2001: 15).

Portodo eso, frente a la "políticade la diferencia" (Kymlicka 1995) resulta cada día másimportantey urgente una "política de la humanidad" (Morin 1999). Porque esel género humano en su conjunto el que se encuentraverdaderamenteen peligro -y no como nostalgia imaginaria y sentimental, sino comorealidadviva-, dados los grandes problemas mundiales que lo ponen incluso enriesgode supervivencia, ante los embates antagónicos del progresodevastadory el integrismo violento, ante el utopismo inoperante con el que seobnubilancon excesiva frecuencia los movimientos alternativos. Laglobalizaciónva creando el contexto de significado para que una políticamundialtenga sentido para todos. Las fórmulas de comportamientopolíticoo moral que sólo tienen sentido para una comunidad, conexclusiónde los demás, están de sobra y son un estorbo en el planode la organización de lo mundial.

Quiense queda mirando al pasado se convierteen estatua de sal. ¿Y las raíces? Los humanos no tenemosraíces, porque no somos plantas sino que pertenecemos al reinoanimaly somos primates bípedos ambulantes. No tenemos esencia ninaturalezaen un sentido estricto, sino genoma, cerebro y cultura. No nos conformauna "identidad" cultural, sino la historia colectiva y el desarrolloindividual.La herencia cultural que recibimos y la memoria, con serimprescindible,no debe entenderse como una letanía que hubiera que recitarrepetidamente,sino más bien una panoplia de códigos de loscualesservirnos para pensar, sentir y actuar creativamente. Esto significaquees preciso desacralizar aquellos contenidos "identitarios" que mermenlalibertad. Y llegado el caso, habrá que denunciar el uso de la"identidad"como coartada para encubrir conflictos de otro orden: pobreza,desigualdad,discriminación social, explotación económica,opresiónpolítica...

Si yanadie discute la libertad religiosa,que es cosa del individuo, dejemos que sean los individuos quienesejerzantambién su libertad lingüística y su libertadsimbólica.Y que, en las instituciones, sean los votos de los ciudadanos quienesdecidan,sin imponer ninguna ortodoxia. En un mundo culturalmente pluralista, laorganización política debe ser laica con respecto a todaconfesionalidad, incluida la étnica y la nacionalista. Aparte deahorrar los gastos del proselitismo, no se echaría leñaalfuego de la división de la sociedad en fieles e infieles.

No seve por qué la "fuente de sentido"para la vida tenga que reducirse a la "identidad" en términosparticularistas.Ningún fundamento antropológico impide secularizar lasidentidades,creando una conciencia cultural laica, basada en valores universales(comoel conocimiento científico, los derechos humanos, las libertadespolíticas democráticas y unas normas éticasmínimas),como estimulante fuente de sentido para la vida. No se niegan lasparticularidades,sino, al contrario, se crea un espacio público y un marcopolíticoque protege su desarrollo, a la vez que establece los límitesnecesariospara impedir que alguna de ellas pretenda erigirse en confesiónobligatoria para todos. De esta manera, se despolitiza la cultura, sedesacralizala política y se defiende la esfera de la laicidad sustentada enel pluralismo. Podríamos decir, imitando a Edgar Morin, que noshacemos cato-laicos.

"¿Cómojuzgar a priori qué'es' el hombre, cuáles son los conceptos pertinentes paradefinirsu identidad, si ya la identidad de un sistemafísico-químicoes relativa a su actividad?" (Prigogine y Stengers 1988: 73). Indagarenla identidad, en lo que somos, conduce indefectiblemente a laconstataciónde su insustancialidad y de la alteridad que nos ha construido, queformaparte de nosotros y de la que seguimos formando parte. Todo sistemaculturales bastardo, hijo del orden y el desorden. No hay genealogía deantepasados que no sea espuria; ni lengua que no sea híbrida; nireligión que no sea sincrética. Cada sociedadse autoorganiza levantándose sobre los escombros de otras que laprecedieron y, en la actualidad, todas dependen cada díamásde los intercambios generalizados con las demás sociedadescontemporáneas.Allende el intramuros de nuestra cultura humana, "la hierba, lasmoscas,los gorriones, los camarones, pero también los dinosaurios y losaustralopitecos son de nuestra familia; sólo cambia el grado deparentesco" (Coppens 2000: 23). ¿Deseamos remontarnostodavíamás a nuestros orígenes y comprimirlos en una sola frase?Somos polvo cósmico, átomos acrisolados en el senotermonuclearde estrellas ya desintegradas, macromoléculas terrestresenzarzadasen mil danzas bioquímicas, descendientes de la primeracélulaviva, hijos de la familia homínida dotados con el genomaespecíficode Homo sapiens, sistemas evolucionados con un cerebrohipercomplejoy una mente consciente y una cultura crecientemente mundializada. Pero¿qué significa esto? Es como si la identidad se diluyeratanto más cuanto más ahondamos en ella. Enconclusión,lejos de todo enfoque sustancialista, por dinámico que sepretenda,consideramos que "la identidad es una especie de foco virtual al quenoses indispensable referirnos para explicar cierto número decosas,pero sin que tenga jamás existencia real" (Lévi-Strauss1977:369). La noción de identidad no resuelve problema alguno en lasciencias humanas, ni como descripción empírica de algoparticularni como delimitación puramente teórica como esquemataxonómico,al que no le corresponde ninguna realidad.

Laidentificación ideal e inmutablede un sistema consigo mismo sólo la consuma la muerte que loaniquila.Mientras tanto, subsiste en la incertidumbre de preservar su existenciaen evolución, acertando a vivir y convivir como estructuradisipativa,quizá estable, pero siempre alejada del equilibrio. Al evocar denuevo aquel viejo dilema que planteaba "Ser o no ser, ésta es lapregunta", surge como un eco que replica desde las profundidades denuestropensamiento: Ser y no ser, ésta es la respuesta.


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